Las múltiples acepciones de la crisis de la democracia
La palabra «crisis» se ha convertido en el lema de nuestro tiempo. Con ella se designa un amplio abanico de fenómenos, como las quiebras en el sector financiero, las catástrofes ecológicas, las guerras humanitarias o las masivas migraciones de refugiados, fenómenos que tienen todos ellos efectos dramáticos.
Con cada carrusel de noticias nos precipitamos de una crisis, que con sus poderosas garras atrapa y encadena nuestra vida, a la siguiente, que a continuación será reemplazada por otra crisis aún más acuciante que volverá a reclamar una atención inmediata y una acción impostergable.

Podríamos analizar el uso y el abuso que se hace de la palabra «crisis» en el lenguaje cotidiano, y especialmente cómo su empleo abusivo vacía el concepto de su sentido moral y político. Precisamente teniendo en cuenta la importancia de su significado, los científicos han abordado el concepto de «crisis» y han centrado su interés en los orígenes y las modalidades
históricas de las crisis y en el trabajo político que acarrea su uso, así como en sus múltiples y complejas resonancias para el pensamiento crítico.
Según Reinhart Koselleck, el término «crisis» fue uno de los «conceptos fundamentales» de la lengua griega, con el que se designaban situaciones críticas u opciones que exigían una decisión definitiva o un juicio concluyente, casi siempre de manera urgente1.
Tal como explica Koselleck, el término «crisis» tiene tres posibles significados: en primer lugar, puede designar el juicio inmanente del mundo a lo largo de la historia universal; en segundo lugar, puede indicar el traspaso de un umbral entre épocas al cabo de numerosas tribulaciones; y en tercer lugar, puede referirse al carácter absolutamente definitivo de una situación, que exige una decisión2.
Sobre todo a lo largo del siglo XX, el concepto de crisis marcó tradiciones enteras del pensamiento radical y de la teoría crítica social y política, y no se empleó solo para llamar la atención sobre las desastrosas consecuencias sociales de la destrucción causada por el capitalismo, sino también para señalar la situación desesperada en la que el conocimiento de esta destrucción no siempre venía acompañado de una militancia revolucionaria que posibilitara una transformación social radical3.













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