El capitalismo y su legitimación
En su análisis de las contradicciones del capitalismo, Nancy Fraser se centra en la cuestión de cómo el capitalismo merma la eficacia de los poderes públicos, sobre todo cuando tiene que enfrentarse a grandes crisis. En este comentario me basaré en el análisis de Fraser y propondré una vía de investigación para examinar la pregunta de cómo en épocas de crisis el capitalismo socava también la legitimidad de dichos poderes.
Las dos preguntas no son independientes una de otra: la legitimidad de una institución podrá verse dañada si esa institución no es eficaz; y a la inversa, la eficacia se reduce si no se acepta como legítima. Sin embargo, las preguntas se pueden diferenciar.
Según Fraser, el capitalismo debe restringir y limitar el margen del poder público, de modo que la democracia «estará restringida y será débil», y seguirá siendo «frágil e inestable». Fraser expone de manera convincente cómo el régimen actual del capitalismo financiero ha dañado sobre todo la legitimidad democrática1.
Aunque aceptemos que el capitalismo es hostil a la democracia y a su modo de legitimación, no queda del todo claro qué relación guardan en último término el capitalismo y la democracia. De este modo, se podría argumentar, por ejemplo, que lo que el capitalismo necesita realmente es el poder administrativo: el poder de emitir dinero, de garantizar las infraestructuras, de regular los derechos de propiedad, de poner a disposición la policía y el ejército, etc.
Quizá se necesite una forma de hegemonía política para legitimar el tipo de administración que requiere el capitalismo, y esta podría asumir una forma (débilmente) democrática. Pero el capitalismo no necesita la democracia «en cuanto tal». Aún se podría ir más allá y afirmar que la relación entre el capitalismo y la democracia es puramente conflictiva: el terreno que gana uno lo pierde la otra, y viceversa. La lucha del capitalismo contra la democracia es un juego de suma cero.
Aunque aceptemos que el capitalismo es hostil a la democracia y a su modo de legitimación, no queda del todo claro qué relación guardan en último término el capitalismo y la democracia
Sin duda, hay argumentos a favor de estas concepciones. Pero me parece que esos argumentos sitúan la democracia «fuera» del capitalismo y «en oposición» a él de un modo que Fraser trata de evitar ampliando el concepto de capitalismo y tomándolo como una totalidad social. Sin embargo, creo que se podría aducir un argumento para demostrar que la sociedad capitalista necesita realmente una forma democrática de legitimación, que sin embargo dicha sociedad socava incesantemente.
Mirándolo así, el capitalismo sigue estando en tensión con la democracia, pero esta tensión es una parte integrante de lo que Fraser denomina la «contradicción política» del capitalismo.
Un motivo de que el capitalismo requiera en último término legitimidad democrática podría guardar relación con su propensión a generar crisis periódicas. Esto se podría mostrar investigando la lógica de la conciencia moderna de crisis, que se desarrolló junto con el ideal moderno de autodeterminación democrática y que comparte con él presupuestos esenciales.














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