El filósofo argentino Diego Singer ha publicado Nihilismo con piel de lobo. Nietzsche frente al neoliberalismo en la editorial Las cuarenta. Es un libro que propone pensar los modos contemporáneos de subjetividad a partir de la filosofía de Friedrich Nietzsche. En esta conversación, reflexionamos sobre la potencia política de Nietzsche, la relación entre nihilismo y capitalismo tardío, y la aparente fuerza del sujeto neoliberal.
Su libro Nihilismo con piel de lobo se propone una actualización del pensamiento de Nietzsche. ¿Por qué cree usted que sigue siendo un filósofo clave para pensar nuestra época?
Nietzsche conserva una actualidad enorme porque fue un pensador que diagnosticó su tiempo con una sensibilidad muy aguda. Vivió en una Alemania de expansión capitalista, entre 1870 y 1890, y comprendió que la cultura de su época producía un tipo de vida enferma.
Su crítica no se dirige solo a la metafísica o a la moral cristiana, sino también al modo en que el poder y la cultura organizan las pasiones, los afectos y la obediencia. En ese sentido, leer a Nietzsche hoy permite analizar cómo el neoliberalismo fabrica subjetividades que creen ser libres, pero en realidad están profundamente condicionadas por los valores dominantes.
«Nietzsche conserva una actualidad enorme porque fue un pensador que diagnosticó su tiempo con una sensibilidad muy aguda»
Entremos en eso, que es la lectura que se propone el libro ya desde el título. Muchos leen a Nietzsche como un filósofo del vitalismo, de la afirmación de la vida. En su lectura aparece como un crítico del capitalismo. ¿Cómo se articulan ambas perspectivas?
Sí, Nietzsche es un filósofo de la afirmación, pero no en el sentido ingenuo de «disfrutar la vida». Afirmar la vida implica crear valores propios, no simplemente aceptar los que la cultura impone.
El capitalismo ―y en su versión contemporánea, el neoliberalismo― produce la ilusión de autonomía y creatividad, pero en realidad canaliza nuestras fuerzas en una sola dirección: la productividad y la acumulación. En ese marco, la figura del emprendedor o del «selfmade man» [el hombre hecho a sí mismo] no es la del creador libre, sino la del camello de Nietzsche, que carga con la carga del sistema creyendo que se afirma.













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