La ética de Camus, filósofo y novelista francoargelino del siglo XX, muchas veces pasada por alto entre sus lectores, es clave para entender bien su pensamiento. En su escritura subyace un fuerte espíritu crítico con la sociedad de su tiempo, necesitada de una ética compartida para que haga frente a esa indiferencia y actitud nihilista que lleva amenazando a la vida humana desde la muerte de Dios.
Ya no existe ninguna deidad tutelar o padre protector que guíe y motive al individuo por y para un fin, lo que supone un gran peligro para el bienestar de la comunidad. Lejos de cualquier barbarie o nihilismo autodestructivo sin ley como el encarnado por las dos guerras mundiales, en la ética de Camus es solo por medio de valores éticos comunes que el ser humano puede hacer que la vida, aunque absurda, valga la pena ser vivida.
Un contexto bélico sin precedentes
La vida de Camus fue marcada por los estragos de las dos guerras mundiales, así como de la Guerra de Independencia de su tierra natal, Argelia. La muerte temprana de su padre, la pobreza y miseria por la que tuvo que pasar su familia durante su niñez, así como el creciente malestar bélico y sociopolítico de la Europa del siglo XX, condicionaron su pensamiento y filosofía con creces. Y no solo desde el punto de vista existencial, sino también ético.
Esta situación global es lo que podría concebirse como el resultado de esa falta de valores e indiferencia que caracterizan al hombre de la modernidad; una indiferencia emergida de una actitud nihilista hacia la vida, el ser humano y el mundo. Dicha situación es lo que Camus denuncia a través de sus obras, en cuyas historias late un profundo espíritu rebelde y subversivo encarnado por sus protagonistas. Valores como la solidaridad, la hospitalidad o la justicia son defendidos en la ética de Camus a través de los personajes que los encarnan.
Dentro de sus novelas y ensayos más característicos cabe destacar El extranjero (1942), El mito de Sísifo (1942) o El hombre rebelde (1951). Todos con una trama existencial que obliga al lector a inmiscuirse y reflexionar sobre la importancia de valores de este tipo, valores por y para la comunidad, de la que el ser humano precisa para vivir.
La vida de Camus fue marcada por los estragos de las dos guerras mundiales, así como de la Guerra de Independencia de su tierra natal, Argelia
Por otra parte, es imprescindible tener en cuenta cuál es el punto de partida de la ética de Camus, es decir, la toma de conciencia sobre el absurdo. Si bien es cierto que su ética constituye una toma de conciencia y aceptación sobre el absurdo para combatir el nihilismo, también es verdad que sin un conocimiento adecuado del absurdo es imposible plantear una solución efectiva.
Por eso es importante saber a lo que uno se enfrenta. Mirar al abismo y, como decía Nietzsche, que el abismo te devuelva la mirada, sin evitación ni autoengaño. La aceptación de la situación en la que se encuentra el ser humano con respecto a la inmensidad del mundo y el espacio es crucial, pues si no es imposible saber qué actitud y principios pueden ser más fructíferos para encararla.
Una actitud pasiva, nihilista y de absoluta indiferencia; o una actitud rebelde pero responsable, fundamentada en la naturaleza humana y las relaciones de interdependencia que subyacen a los vínculos sociales del ser humano. Ambas opciones tienen consecuencias muy diferentes para la calidad de vida del individuo, lo que Camus trata de hacer ver desde el comienzo en toda su producción filosófica a través de una rebeldía de tipo ética.













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