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Número 16 de la revista impresa FILOSOFÍA&CO.

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REVISTA Nº 16

Dosier

Filosofía de la soledad (in)evitable

Vidas conectadas, pero desvinculadas

Dosier — Donna Haraway

F+ Haraway frente a la falsa neutralidad de la ciencia

Que la ciencia no es neutral es algo que han dicho multitud de autores. Pero Donna Haraway fue particularmente mordaz en su análisis de la ciencia, proponiendo que todos los conocimientos están situados, no son necesariamente falsos. Su apuesta política no pasa por construir conocimientos que se abstraigan del lugar del que se enuncian, sino de ser conscientes de ese lugar y situarlos para la emancipación.

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Los conocimientos situados no son solo una apuesta política para Haraway, sino que la propia ciencia tradicional ya se basa en conocimientos parciales, aunque estos traten de hacerse pasar por universales. Imagen hecha con la IA de Canva.
Los conocimientos situados no son solo una apuesta política para Haraway, sino que la propia ciencia tradicional ya se basa en conocimientos parciales, aunque estos traten de hacerse pasar por universales. Imagen hecha con la IA de Canva.

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Conocimientos situados frente a la neutralidad de la ciencia

La crítica de Donna Haraway a la ciencia no consiste en decir que la ciencia sea falsa, inútil o solamente ideológica. Su posición plantea que la ciencia produce conocimiento real, pero ese conocimiento nunca aparece en abstracto. Siempre lo investiga una persona, una institución, en una lengua, desde una tradición de pensamiento, con una financiación, una tecnología y con vínculos con el poder.

Los conocimientos situados no son, para Donna Haraway, una apuesta por el relativismo, como si todo diera igual y solo dependiera del criterio del científico. Es un cierto tipo de apuesta por la objetividad, pero una más exigente que la que propone el racionalismo humanista, porque no trata de ocultar desde dónde se mira.

Su punto de partida es una crítica a la falsa neutralidad del humanismo. El humanismo se impuso como ideología oficial de la Ilustración, imponiendo un cierto tipo de sujeto, el varón blanco, como paradigma de pensamiento. Desde ahí, la ciencia moderna se presenta como una mirada sin un cuerpo que la acompaña, porque es transparente y universal, además de supuestamente desinteresada. El objeto científico espera pacientemente a ser descubierto.

Haraway desconfía de este esquema humanista. Su pensamiento, junto con el de otros autores como Rosi Braidotti, inauguró el poshumanismo como corriente filosófica. El poshumanismo plantea que esa «mirada desde ninguna parte» siempre tiene nombres y apellidos. En el libro de Haraway Ciencia, cyborgs y mujeres, critica la pretensión de la ciencia de verlo todo desde arriba, desde todas partes. La alternativa al relativismo, escribe, no es «totalización y visión única», sino «conocimientos parciales, localizables y críticos».

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