Conocimientos situados frente a la neutralidad de la ciencia
La crítica de Donna Haraway a la ciencia no consiste en decir que la ciencia sea falsa, inútil o solamente ideológica. Su posición plantea que la ciencia produce conocimiento real, pero ese conocimiento nunca aparece en abstracto. Siempre lo investiga una persona, una institución, en una lengua, desde una tradición de pensamiento, con una financiación, una tecnología y con vínculos con el poder.
Los conocimientos situados no son, para Donna Haraway, una apuesta por el relativismo, como si todo diera igual y solo dependiera del criterio del científico. Es un cierto tipo de apuesta por la objetividad, pero una más exigente que la que propone el racionalismo humanista, porque no trata de ocultar desde dónde se mira.
Su punto de partida es una crítica a la falsa neutralidad del humanismo. El humanismo se impuso como ideología oficial de la Ilustración, imponiendo un cierto tipo de sujeto, el varón blanco, como paradigma de pensamiento. Desde ahí, la ciencia moderna se presenta como una mirada sin un cuerpo que la acompaña, porque es transparente y universal, además de supuestamente desinteresada. El objeto científico espera pacientemente a ser descubierto.
Haraway desconfía de este esquema humanista. Su pensamiento, junto con el de otros autores como Rosi Braidotti, inauguró el poshumanismo como corriente filosófica. El poshumanismo plantea que esa «mirada desde ninguna parte» siempre tiene nombres y apellidos. En el libro de Haraway Ciencia, cyborgs y mujeres, critica la pretensión de la ciencia de verlo todo desde arriba, desde todas partes. La alternativa al relativismo, escribe, no es «totalización y visión única», sino «conocimientos parciales, localizables y críticos».













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