Nuestra existencia «en común»: ser y padecer con el otro

¿Cómo pensar lo común después del comunismo? ¿Qué alternativas se abren y cuáles se clausuran? Diseño realizado a partir de la imagen de wildpixel (GettyImages, CC).
¿Cómo pensar lo común después del comunismo? ¿Qué alternativas se abren y cuáles se clausuran? Diseño realizado a partir de la imagen de wildpixel (GettyImages, CC).

Es esencial al ser humano la existencia en común, el ser con otros, pero ¿qué florece de este en-común? ¿Cómo conquistar un sentido político emancipatorio para el «entre» que nos constituye? Jean-Luc Nancy y Jean-Christophe Bailly abordan estas preguntas en el marco de una sociedad poscomunista. En este artículo, analizamos su libro La comparecencia.

Por Myriam Rodríguez del Real

la comparecencia
La comparecencia, de Jean-Luc Nancy y Jean-Christophe Bailly (Avarigani Editores).

La comparecencia es un breve ensayo escrito a cuatro manos entre Jean-Luc Nancy y Jean-Christophe Bailly. El título del libro nos desvela el carácter en-común de nuestra existencia, que ya Heidegger anunció en Ser y tiempo: somos Mitsein porque aparecemos en común, comparecemos. Y la palabra comparecer juega, baila fonéticamente, remitiéndonos al término «compadecer»: padecemos en común. Porque si aparecemos como seres-con-los-otros, a la manera heideggeriana de expresarlo, ya no como atributo, sino como existenciario —como manera de existir—, entonces también padecemos-con, dolemos en común.

El libro de Nancy y Bailly se dirige a pensar lo en-común después del comunismo y después de Marx como respuesta a la caída del comunismo. En la introducción del libro se establece la diferencia entre común y colectivo, siendo lo colectivo la suma de las partes individuales, exterioridad, y lo común, calidez e interioridad. La importancia viene porque uno de los puntos que se desarrollan hacia el final de la obra es la condición en-común que rodea a la figura de Marx y su escritura. Este detalle es harto importante, aunque nos plantea la pregunta por la condición de esta escritura. ¿Es acaso una escritura colectiva o en-común?

De esta forma, Marx no es él solo, sino que son todas las interpretaciones, lecturas, revisiones e incluso todas las lecturas que él mismo hizo para construir su obra filosófica. Lo que llamamos «marxismo» no es Marx en tanto que sujeto individual, sino en tanto que sujeto en-común. Sujeto que, además, se erige sobre los hombros de Hegel. En fin, Marx es la disposición en común de una serie de discursos.

Volviendo a Heidegger, el Dasein, como ser-con-otros, se ocupa del mundo que le rodea porque comparecemos ante el tribunal del mundo, escribe Nancy. Esta característica no es un accidente de nuestro ser. Es, más bien, nuestra forma de existir, acontecimiento del ser. No somos primero nosotros y después en-común. Pensar de esta forma sería pensar más como la colectividad.

La comparecencia nos desvela el carácter en-común de nuestra existencia. En la introducción del libro se establece la diferencia entre común y colectivo, siendo lo colectivo la suma de las partes individuales, exterioridad, y lo común, calidez e interioridad

No hay separación, sino que «aparecemos […] los unos ante los otros [pero también] ante nosotros mismos, es decir, ante una mismidad que no es identidad, y que nos reúne separándonos». Aquí, Nancy y Bailly, en la estela de Deleuze, recuperan nuestra intrínseca diferencia.

Volvamos al tema del comunismo. La derrota de la efectuación del proyecto común, del comunismo real, no quiere decir desechar el horizonte hacia el que se transitaba desde el comunismo inicial: promesa de verdadera agrupación, unidad no ficticia y «liberación guiada por el reparto, que es la de una igualdad que abre una libertad». Se necesita, sin embargo, una igualdad que no disipe el valor absoluto, incomparable y único de nuestra dignidad, es decir, reunión sin disipación de la diferencia. Esto es, poner en el centro de nuestra vida nuestra condición común y nuestra condición en común: comunismo sin ismo.

La caída del comunismo abre lo que los autores llaman «después del comunismo». Este momento ha de ser la búsqueda de una praxis común que se haga y se realice en nuestra existencia-con [être-avec]. Pero hablamos de un corpus ontológico y, por eso, no se trata de una opción política. Es una verdad ontológica: «No hay venida al mundo que no sea radicalmente en común».

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Pero ¿qué es lo común? Lo común es el sentido, la razón de ser, primordial y única de la política. Más bien, la posibilidad de lo común, aún existente, es la razón de posibilidad de la política. Lo común es opción política en la medida en que lo único que está dado es el en-común; el resto está por afrontar, elegir, construir.

Los autores no abandonan la empresa de recalcar el carácter real de lo común. Lo común no se encierra en un pensamiento, sino que es cosa, está ahí. Lo común es verdad, la verdad de la partición, de hecho, pero —dirán—no como algo compartido, sino como lo que reparte y hace posible el reparto: su común aparición. El concepto de partición es central en esta obra, pues es nuestra división (partage) lo que nos reúne, porque en el compartir se encuentra nuestra condición.

La existencia es el único sentido que existe, pero el sentido solo se da para más de uno. Esta es la praxis de lo en-común, la comparecencia. Y si este es el sentido de la existencia, se pregunta Nancy: ¿cómo se apropia la comunidad del sentido que es la propia comunidad?

Tras la muerte de Dios, se alzó el comunismo (su efectuación real) en su lugar. Con la caída de este, se derrumbaron los horizontes y nuestra tarea es buscar nuevas miras, nuevos proyectos comunes que descansen sobre ese comunismo inicial del que nos hablan los autores.

Lo común es el sentido, la razón de ser, primordial y único de la política. Más bien, la posibilidad de lo común, aún existente, es la razón de posibilidad de la política. Lo común es opción política en la medida en que lo único que está dado es el en-común; el resto está por afrontar, elegir, construir

Pero debemos pensar otros nombres, otro lenguaje. No hemos perdido la comunidad, pero requerimos un cambio de su sentido. Es lo impensable lo que hay que pensar. Este por-venir ha de salirse de todo ismo, alejarse de toda ideología. El desafío es la reconstrucción de esta comunidad, que es tarea común por realizar.

Por último, no se trata, escriben, de ignorar la política, sino de refundar y reencontrar su sentido político. Un sentido que, inevitablemente, ha de atender a la existencia común y finita. Ahora bien, la comunidad siempre y por principio excluye al otro, a lo que no se deja identificar en ella. ¿Cómo figurar sin excluir? Aquí se encuentran nuestros nuevos horizontes fundados en el mismo sentido: la comparecencia, el inicial comunismo y su dirección.

Termina Bailly diciendo que podemos pensar la democracia como un comunismo no coral: lo absolutamente opuesto a lo que fue el comunismo real. Este coro al que hacemos mención es aquel que nunca tendrá su propia voz, pero que podrá reconocerse en el inicio de cada voz. Cada voz sola con el con, el infigurable, el afuera mismo, sin figura. Siempre empuñando la cólera como arma política más potente y atenta de que no se produzca el olvido de lo común que con tanta vehemencia señaló Heidegger en referencia al ser.

Sobre la autora

Myriam Rodríguez del Real (1995) es graduada en Filosofía (Universidad Nacional de Educación a Distancia, UNED) y en Periodismo y Comunicación Audiovisual. Actualmente cursa el máster en Filosofía Teórica y práctica en la (UNED). Ha escrito dos libros de divulgación filosófica: Y pensar ¿para cuándo? (Autografía, 2018) y Mentes Inquietas. Contrarrefranes y cultura popular (Punto de vista editores, 2020). Ha publicado varios artículos académicos en revistas especializadas de filosofía.

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1 COMENTARIO

  1. Para: Te escuchamos.
    Recibo su boletín con mucho cariño aún y cuando no coincido con parte de lo que difunde .
    Les pido profundice en los concepto y los términos que se emplean, mucho más cuando estamos filosofando.
    En el planeta tierra «no ha existido nunca ni en ningún lugar hubo Sistema Social Comunista», por tanto no se puede afirmar que cayera algo que no existió.
    La antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas sobrepasó la etapa de tránsito Socialista Real que se desploma por el empuje y la fuerza de los Estados Capitalistas así por problemas internos muy graves como la CORRUPCIÓN.
    Ahora bien, cuando se hable de Marxismo no se puede desligar del tema a la persona que le dio forma a ese pensamiento filosófico que para mi es la otra parte y la más importante porque es quién le da dimensión a lo que es el Comunismo, Frederico Engels.
    Yo les propongo buscar lo escrito por él y sin censuras crear el debate en sus de lo que dicen o pueden decir sus estudiosos.
    No se arrepentirán, se los aseguro

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