¿Prohibido dudar?
La duda es el motor del conocimiento. Así ha sido siempre, desde el principio de los tiempos hasta el día de hoy. Sin su impulso, la humanidad no habría avanzado, porque la duda promueve la revisión, la mejora y el avance. Dudar es pensar. Es, como dijo Aristóteles, el principio de la sabiduría. Hay quien opina que para que la vida valga la pena tiene que ser examinada de manera constante con objeto de ampliar sus horizontes un poco más allá, con más conciencia y rumbo. Sin embargo, este ejercicio, que debería ser tan cotidiano, se convierte en un acto casi imposible en estos tiempos de urgencia e inmediatez, en los que se exigen soluciones cerradas y cómodas, se esperan fórmulas incondicionales emitidas por personajes convertidos en gurús. Basta ver o escuchar cualquier tertulia política —o epidemiológica, ahora que nos hemos convertido en expertos en cualquier tema— para darnos cuenta de que sólo hay cabida para certezas categóricas y dogmas de fe.












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