Lucrecio: el temor y la ignorancia
El pensador romano Tito Lucrecio Caro retomó las ideas de Epicuro que veíamos en la primera parte de este dosier y las desarrolló de manera sistemática en su obra De la naturaleza de las cosas. A diferencia de Epicuro, de quien tenemos cartas y sentencias, Lucrecio no es un autor fragmentario: su legado es una sola obra extensa, coherente y sistemática de seis libros, que es a la vez un poema y un tratado filosófico. En ella defendió una forma de hedonismo racional, identificando el bien supremo no con el placer intenso, sino con la ausencia de dolor corporal y de perturbación del alma.
Desde el inicio de la obra, Lucrecio alude al fundador del epicureísmo sin nombrarlo y se refiere a él como «primum Graius homo», como señala en De la naturaleza de las cosas; más adelante aparece ya explícitamente el nombre Epicuro cuando Lucrecio habla de la muerte del pensador griego. Y, en efecto, siguiendo la vía abierta por ese pensador, Lucrecio considera que el ser humano no comprende la naturaleza de las cosas y que la religión nace del terror ante una naturaleza tan poderosa como incomprensible.
Pero Lucrecio acusa con fuerza a la religión de incitar al ser humano a la violencia y a cometer actos atroces: «Tantum religio potuit suadere malorum» es la célebre frase en la que denuncia hasta qué punto la religión puede inducir al mal. Como él mismo muestra en su obra, por ejemplo al evocar el sacrificio de Ifigenia, una religión nacida del miedo a la muerte y a la naturaleza termina justificando la violencia y la sumisión espiritual.
Para Lucrecio, solo el conocimiento racional de la naturaleza de las cosas puede romper este círculo de violencia: la comprensión de los fenómenos naturales y de cómo obedecen a causas materiales libera al ser humano del miedo religioso y le devuelve la serenidad. Al igual que sus predecesores, no niega a los dioses, pero desmantela la superstición que surge de la fragilidad humana y propone una idea distinta de ellos. La filosofía en Roma se presenta así como una terapia contra el miedo religioso y como una vía hacia una vida más libre, alejada de la violencia.
Lucrecio considera que el ser humano no comprende la naturaleza de las cosas y que la religión nace del terror ante una naturaleza tan poderosa como incomprensible














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