La luz en los prismas: cómo conjugar unidad y diferencia
La reflexión teórica y la militancia política de Gramsci pivota sobre un difícil equilibrio. Por una parte, la necesidad de «difusión de un centro homogéneo de un modo de pensar y de obrar». Por otra, el reconocimiento realista de la autonomía y diversidad en el modo en que «cada capa» o grupo social «desarrolla su conciencia y su cultura» en el contexto de un marco de unidad frágil.
La metáfora que sirve aquí de comprensión es sugerente para entender los límites de una «ilustración» excesivamente dogmática e insensible a las diferencias. Gramsci entiende «ilusorio», un «error ilustrado», pensar que una «idea clara» oportunamente difundida se inserte en las diferentes conciencias con los mismos efectos «organizadores» que tiene la claridad que ha devenido generalizada. Es decir, es ilusorio pensar que un «intelectual profesional» —el matiz es importante, recordemos lo que decíamos de la inteligencia sensible de Gramsci al principio— puede inferir, deducir, generalizar desde criterios abstractos sin pensar desde el terreno concreto donde se opera.
Gramsci, por tanto, cree que no es suficiente pensar la premisa de una «difusión orgánica, desde un centro homogéneo». De la misma manera que un rayo de luz pasa por prismas diferentes y brinda diferentes refracciones de luz, toda «ilustración» efectiva debe ser consciente de las condiciones materiales de su recepción. Si se quiere conseguir la misma refracción, hace falta toda una serie de rectificaciones de los prismas individuales.
Como vemos, Gramsci concluye de aquí la necesidad de elaborar una pedagogía no dogmática, no vertical, comprometida con las condiciones concretas, materiales, de recepción del discurso. «Encontrar la real identidad bajo la aparente diferenciación y contradicción y encontrar la sustancial diversidad bajo la aparente identidad», he aquí la más esencial calidad del crítico de las ideas y el historiador del desarrollo social. Que «el mismo rayo luminoso al atravesar diversos prismas genere diversas refracciones de luz» indica que la interpretación de la «luz» está determinada por una serie de complejas circunstancias sociales que, en su variedad prismática, condicionan las distintas identificaciones de los sujetos con una cultura.













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