Es necesario aclarar que, pese a su nombre, no es la razón un atributo exclusivo del racionalismo. También el empirismo –teoría «opuesta» al racionalismo– haría uso de la razón, y como el racionalismo, tuvo ya en Grecia filósofos que defendían sus ideas (como Aristóteles). Lo que motiva el término de racionalismo es el modo en que los filósofos de esta corriente ven y aplican la razón a toda la realidad del mundo. En este sentido, Spinoza es un racionalista radical, absoluto, pues parte de la idea de que, mediante la razón, el ser humano es capaz de comprender la estructura (racional) del mundo que le rodea.
Esta visión determinó no sólo el contenido de la filosofía de Spinoza, sino también su forma. Los racionalistas, en su búsqueda de un conocimiento puro y exacto, se fijaron en las matemáticas y la lógica, de ahí que no sea extraño, por ejemplo, que la gran obra de nuestro protagonista sea Ética demostrada según el orden geométrico, en la que Spinoza explica sus teoremas mediante definiciones y axiomas.
Por otra parte, no sólo de racionalismo cartesiano vive Spinoza. En su obra encontramos también conceptos de la escolástica (ockamismo y escotismo), de la tradición hebrea (la Biblia, el Talmud, la Cábala o las obras de Maimónides) y de Grecia (principalmente estoicismo). A todo ello hay que sumar ideas de la ciencia natural contemporánea, como las de Giordano Bruno, y la teoría política de Thomas Hobbes.













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