1 Vivir bien es hacerlo conforme a la naturaleza
Para el emperador romano, quien hace el mal lo hace conforme a su ignorancia. No es algo que busquemos de forma natural, sino a lo que acabamos enfrentando inevitablemente, y aunque el mal es un problema al que enfrentamos día a día, el ser humano ha nacido para colaborar y ser en común con los otros. El enfrentamiento va contra nuestra naturaleza y, por tanto, contra el universo.
En el universo, lo que acontece no es una casualidad ni un accidente, existe una «necesidad». El filósofo nos invita a que vivamos conforme a la naturaleza, y no conforme a convenciones escritas en libros. Los dioses no se interesan permanentemente por nosotros, sino que nos hicieron autosuficientes y capaces de hacer frente a cualquier mal. Esos males son, además, solo males en tanto se ponen en relación con nuestra vida, pero desde el punto de vista del universo forman parte del orden natural. Para nuestra alma es perjudicial ir en contra de los acontecimientos o afrontarlos con irritación.
2 La clave de la felicidad no la tienen los demás
Una de las claves del pensamiento de Marco Aurelio es su apuesta por el «guía» interior que nos acompaña en tanto seres racionales. Todos llevamos un guía que nos insta a buscar lo elevado, el conocimiento y la reflexión. Pero ese guía es zarandeado constantemente por los demás y por los instintos e impulsos irracionales.
Con ayuda de la filosofía debemos mantenernos firmes siendo orientados por nuestro guía. Marco Aurelio nos invita a librarnos de las distracciones que nos separan de nuestros objetivos, actuando reflexivamente y «robando tiempo» para aprender cosas útiles y buenas.
Es común pensar que debemos poner la felicidad en manos ajenas. Pero el pensador romano defiende que es mucho más importante escuchar la propia alma que conjeturar sobre qué estarán pensando los otros. Además, nos insta a no valorar por igual todas las opiniones, sino considerar seriamente solo las de aquellos que viven de acuerdo con la naturaleza.
Todos llevamos un guía que nos insta a buscar lo elevado, el conocimiento y la reflexión, dice Marco Aurelio. Pero ese guía, añade, es zarandeado constantemente por los demás y por los instintos e impulsos irracionales
3 La vida es finita y solo existe el presente
Uno de los aspectos esenciales de la obra de Marco Aurelio es que hace particular hincapié en la idea de que la vida está limitada temporalmente, y es necesario aprender a vivir conforme a esa limitación. A menudo, actuamos como si nuestro tiempo fuera infinito, pero es necesario buscar una serenidad del espíritu y hacernos cargo del tiempo que nos queda y de esa finitud. En las Meditaciones se nos invita a «actuar, hablar y pensar como si fueras a abandonar la vida en cualquier momento». Cada instante nos acerca a la muerte y la muerte es el final.
Para Marco Aurelio, la muerte es un hecho natural y útil biológicamente, de acuerdo al normal funcionamiento del universo. Por eso, nos aconseja dejar de temerla y abrazarla, preparándonos para ella a través del conocimiento filosófico y la reflexión. La muerte no es una pérdida, pues no se puede perder aquello que nunca se tuvo: «[…] no se vive —nos recuerda— más vida que la que se pierde».
4 Hay que ser coherente entre lo que se dice y lo que se hace
Marco Aurelio nos propone dedicar un tiempo a la reflexión y al conocimiento de nosotros mismos, sean cuales sean nuestras circunstancias. Habiendo él escrito sus Meditaciones en mitad de una guerra, podemos encontrar una gran coherencia entre lo que nos invita a hacer y lo que hace. El conocimiento de sí mismo y el desprecio a las opiniones ajenas que nada tienen que aportarle al «guía interior» parecen una reflexión para ayudar a vivir mejor a los demás, pero también un ejercicio de reafirmación diaria.
La muerte —que es el otro gran tema que atraviesa las Meditaciones— tiene mucha relación con el momento en que se escribe la obra. Para Marco Aurelio, no era difícil darse cuenta de la finitud humana en un contexto bélico en el que la vida humana era perdida y derramada continuamente.
La virtud de su obra consiste en afirmar, pese a ello, su enorme valor y potencial, y enseñar a otros a sacarle partido. Además, la reflexión del filósofo no tiene solo el objetivo de asegurar una «supervivencia» espiritual, sino que realiza una propuesta ética para animarnos a ser mejores.
*Este artículo se publicó originalmente en el número 5 de la revista impresa FILOSOFÍA&CO.
Irene Gómez-Olano (Madrid, 1996) estudió Filosofía y el Máster de Crítica y Argumentación Filosófica. Trabaja como redactora en FILOSOFÍA&CO y colabora en Izquierda Diario. Ha colaborado y coeditado la reedición del Manifiesto ecosocialista (2022). Su último libro publicado es Crisis climática (2024), publicado en Libros de FILOSOFÍA&CO.

















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