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Revista FILOSOFÍA&CO | Número 15

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F+ ¿Qué es el capitalismo emocional?

¿Cómo hablamos de nosotros mismos? Nombramos nuestros traumas, identificamos nuestros apegos, trabajamos nuestra autoestima y nos comunicamos asertivamente. ¿Es este lenguaje una conquista? Hace veinte años, Eva Illouz, en su libro «Intimidades congeladas», mostró cómo ese mismo lenguaje nació en una fábrica, al servicio del capital, como herramienta para que los trabajadores produjeran más.

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El capitalismo emocional no solo ha construido toda una industria alrededor de nuestros gustos, también ha moldeado cómo nos narramos, qué nos decimos, y ha codificado todos nuestros afectos en un marco terapeútico (diseño realizado a partir de la imagen de Freepiks, licencia CC).
El capitalismo emocional no solo ha construido toda una industria alrededor de nuestros gustos, también ha moldeado cómo nos narramos, qué nos decimos, y ha codificado todos nuestros afectos en un marco terapéutico. Diseño realizado a partir de la imagen de Freepiks, licencia CC.

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Intimidades congeladas. Las emociones en el capitalismo, de Eva Illouz (Katz editores).

Lo curioso de un libro tan actual como Intimidades congeladas. Las emociones en el capitalismo, de Eva Illouz, y publicado por Katz editores, es que fuese publicado hace ya más de veinte años. Ocurre a veces. Uno lee un libro de un pensador de hace décadas y se sorprende con un diagnóstico tan preciso de algo tremendamente actual y que, o al menos eso pensamos, no ocurría con tanta claridad antes como lo hace ahora. En este caso, el fenómeno que analiza Illouz en el libro —y que fueron primero unas conferencias en Frankfurt comisariadas por Axel Honneth— es la importancia de las emociones en el capitalismo contemporáneo y cómo se ha establecido un nuevo pathos terapéutico, o dicho de otra forma, una nueva forma de estar y entender el mundo que aplica constantemente a nuestra vida las lógicas de la terapia psicológica.

No creo que haga falta mucha explicación porque es algo que vemos en nuestro día a día. Lo que Illouz intenta explicar es por qué ahora todos tenemos una misma forma de narrarnos y narrar el mundo basado en el paradigma de la buena comunicación, de compartir los sentimientos, de entender nuestra vida a través del trauma y los conflictos emocionales, y por qué todo nuestro lenguaje se ha psicologizado (como los vídeos de TikTok sobre apegos evitativos o ansiosos). Toda esta subjetividad es resultado de lo que Illouz llama en el libro capitalismo emocional.

El nacimiento del capitalismo emocional

El capitalismo emocional nace, según la propia Illouz, de la crisis del taylorismo de principios del siglo XX. Desde su implantación hasta la explosión de las grandes fábricas, la cultura capitalista (con el fin de naturalizar su opresión) había convertido el cuerpo de los trabajadores en otro elemento más de la maquinaria de producción. Federici examina bien esto al estudiar el impacto de la filosofía moderna en la acumulación originaria: la filosofía de Descartes (y por tanto la modernidad filosófica) había conseguido crear un dualismo mente/cuerpo que escindía al trabajador de su propio cuerpo. Esto, señala Federici en Calibán y la bruja, generó las condiciones culturales de aceptación y legitimación para que podamos vender nuestra fuerza de trabajo (es decir, nuestro cuerpo) por un salario en un trabajo que nos aliena. Total, si no somos nuestro cuerpo, podemos emplearlo en trabajos asfixiantes sin que se resienta nuestra alma.

Pero estas tesis necesitaron ser revisadas una vez que culminó la proletarización de las ciudades. Si el capitalismo es, como señala la célebre fórmula marxiana, dinero que se convierte en más dinero gracias a su paso por el mercado, entonces necesita la innovación constante para el aumento de su tasa de ganancia. Una vez que las fábricas acabaron con los trabajos agremiados y que la gente se quedó sin tierras y se vio obligada a trabajar por un salario, de lo que se trataba era de producir de forma más eficiente, innovar en la producción para ganar más y más. Esta innovación vino de la mano de los experimentos de Hawthorne (1924-1932), liderados por Elton Mayo en la planta de la Western Electric Company de Chicago. En esos experimentos se argumentaba que la productividad aumentaba si se atendían las emociones de los trabajadores. Este es el nacimiento del capitalismo emocional.

El capitalismo ha convertido las emociones en herramienta productiva. En nuestro sistema, la cultura terapéutica y el lenguaje psicológico organizan nuestra forma de trabajar, relacionarnos y entender el sufrimiento

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