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Revista FILOSOFÍA&CO | Número 15

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11 conceptos del psicoanálisis para entender la mente

La práctica psicoanalítica, inaugurada por Sigmund Freud, es profundamente rica en términos y conceptos. Ha permitido poner nombre a mecanismos de la mente que antes tan solo se intuían. Este diccionario explica los principales términos para comprender cómo funcionamos. Algunos de ellos ya están completamente instaurados en nuestro habla popular.

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Diccionario de psicoanálisis
Para el psicoanálisis, el conflicto es inherente a la mente. Su terapia es un camino a convivir con los conflictos, un camino para evitar que estallemos. Diseño realizado a partir de la imagen de Freepik (licencia CC.)

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Fundado por Sigmund Freud (1856-1939), el psicoanálisis ha estado desde su nacimiento en el centro de los debates sobre la mente. Ha influido en las principales filosofías del siglo XX, pero también ha sido profundamente rechazado por corrientes «cientifistas» dentro de la psicología (como el conductismo). En los últimos años, vive una particular resurrección con la aparición de la llamada izquierda lacaniana, en la que se inscriben filósofos de renombre como Ernesto Laclau o Slavoj Žižek.

psicoanálisis
Diccionario de psicoanálisis, de Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis (dir. Daniel Lagache) (Paidós).

Gran parte del éxito del psicoanálisis consiste en haber creado un conjunto diverso y útil de conceptos que nos permiten entender el comportamiento de la mente humana. Aunque la teoría en su núcleo puede parecer compleja a primera vista, su concreción en términos específicos es muy útil para diseccionar nuestros comportamientos y comprender nuestras raíces (inconscientes).

Con el objetivo de dar a conocer esta plétora de conceptos y de sistematizar toda la aportación intelectual de Freud a lo largo de su vida, los autores franceses Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis crearon un Diccionario de psicoanálisis, en el que se basa este artículo.

En uno de sus discursos contó David Foster Wallace la ya célebre anécdota sobre dos pececitos jóvenes que iban nadando por el mar. Según la historia, los pececitos se encontraron con otro pez mayor, que les preguntó qué tal estaba el agua. Los peces jóvenes, confusos, respondieron con evasivas y le trataron por loco, pensaron que sufría de un brote senil. En cuanto se alejaron, uno le dijo al otro: «Pero, oye, a todo esto, ¿qué es el agua?».

Y es que sin palabras que nombren la realidad, esta se vuelve invisible. Sirva este diccionario para poder nombrar aquello en lo que estamos inmersos y de lo que no podemos escapar: el agua de nuestro inconsciente.

El psicoanálisis aporta decenas de conceptos que funcionan como caja de herramientas para diseccionar las raíces ocultas de nuestro comportamiento

Acción específica

Ocurre que muchas veces somos perfectamente conscientes de lo que nos pasa. Una amiga nos pregunta y le sabemos decir con pelos y señales qué es lo que nos está pasando, los mecanismos obsesivos en los que estamos, los miedos que nos paralizan… Tenemos una comprensión de nuestra situación y, entonces, al terminar de contarlo, nuestra amiga responde: «Bueno, pero no te preocupes, al menos sabes lo que te pasa».

Evidentemente, ser consciente es el primer paso para cambiar las cosas, pero a veces somos demasiado autocomplacientes con la comprensión, como si bastara simplemente con comprender para que se produzca el cambio. Para Freud, al menos para el Freud de sus primeros trabajos (como Proyecto de psicología científica, de 1895), necesitamos intervenir sobre nuestros mecanismos. Esta intervención es la «acción específica». En sus palabras:

«[La acción específica es] el conjunto del proceso necesario para la resolución de la tensión interna creada por la necesidad: intervención externa adecuada y conjunto de reacciones preformadas del organismo que permiten la consumación del acto».

Entonces, la acción específica de lo que trata es de reorientar al cuerpo. Por ejemplo, estamos obsesionados con alguien, tenemos falta de ese alguien, toda nuestra energía se orienta a persistir en una falta. Freud cree que el cuerpo necesita resolver esta tensión interna y lo puede hacer de un «modo inmediato» (gritos, lloros, ansiedad) o «de forma específica», gestionando la adicción con pequeños pasos que permitan al cuerpo descargar la tensión acumulada sin retroalimentar el mecanismo.

Así que no se trata únicamente de comprender, sino de establecer un plan que supla la falta que siempre nos ahoga. En el caso del duelo, pongamos, llamar a los amigos cuando necesitemos ese amor que no está o cuando nos sintamos solos. No se trata tanto de apartar el mecanismo tensionado (soledad-falta-duelo), sino de redirigirlo a objetos que no aumenten la tensión del propio mecanismo y que permitan descargar la energía psíquica sin dañarnos (el amor de los amigos).

La sola comprensión no nos mueve a nuevos lugares. Necesitamos cambiar nuestros comportamientos a través de «acciones específicas»

Beneficio primario y secundario

Esta dupla busca responder a la pregunta de por qué a veces persistimos en espacios y lugares que nos hacen daño, por qué a veces parecemos no querer curarnos, no querer sanar. Por qué tropezamos una y otra vez con la misma piedra.

Desde sus primeros escritos, la teoría freudiana de la neurosis es inseparable de la idea de que la enfermedad se desencadena y se mantiene «en virtud de la satisfacción que aporta al individuo». O, en términos más psicoanalíticos, el proceso neurótico responde y se mantiene por el «principio del placer» y tiende a explicarse por un beneficio económico. Por ejemplo, a veces estamos en relaciones que nos perjudican porque no podemos soportar la soledad y, de esta forma, se resuelve el miedo al abandono, aunque de una forma neurótica y dolorosa.

Por eso a veces notamos que alguien cercano opone él mismo resistencia a la cura, al cambio. En vez de culpar, se debe pensar qué satisfacción está encontrando esa persona en el síntoma, en el conflicto neurótico. Por ejemplo, a veces persistir en el malestar nos proporciona una mayor atención y cuidado de nuestra red afectiva (beneficio secundario de la enfermedad). En este sentido, las situaciones de malestar siempre son paradójicas y, aunque duelen, también vienen a suplir ciertas carencias.

¿Y qué diferencia hay entre un beneficio primario y uno secundario? En realidad, la distinción entre beneficio primario y secundario no es del todo clara y para Freud podría consistir más bien en cuestiones como la inmediatez, la claridad del beneficio o la transparencia con el que aparece.

Conflicto psíquico

Hemos hablado, hasta ahora, de la acción específica para resolver un conflicto psíquico y de los beneficios ocultos que este conflicto puede proporcionarnos, pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de un conflicto psíquico? En psicoanálisis, se habla de «conflicto» cuando en el sujeto se oponen exigencias internas contrarias.

Los conflictos psíquicos pueden ser manifiestos o latentes, es decir, pueden ser enunciados y conocidos por el sujeto o, en cambio, estar enterrados. En este segundo caso, los conflictos (que siempre hablan, que nunca callan) se expresan en forma de síntomas, trastornos de conductas…

Es importante notar que para el psicoanálisis —y esto es fundamental, insisto—, el conflicto es inherente a la experiencia humana. No hay un afuera de los problemas psíquicos, no hay nunca una cura total. Con la terapia psicoanalista aspiramos no tanto a resolver nuestros mecanismos internos, sino a reorientar los que se resuelven de forma problemática y a tener un mayor conocimiento sobre ellos para disminuir (¡nunca eliminar!) sus efectos perjudiciales.

El proceso neurótico responde y se mantiene por el «principio del placer» y tiende a explicarse por un beneficio económico. Por ejemplo, a veces estamos en relaciones que nos perjudican porque no podemos soportar la soledad y, de esta forma, se resuelve el miedo al abandono, aunque de una forma neurótica y dolorosa

Defensa

En psicoanálisis, se llama defensa al conjunto de operaciones que realizamos para reducir o suprimir cualquier cambio que, en principio, no estamos preparados para tolerar (porque suponen un desequilibrio o un peligro para la integridad del individuo). Como el amigo al que le decimos que su pareja le está engañando, pero que, por su miedo a estar solo, lo niega constantemente o le quita importancia; o la amiga que, incapaz de asumir que ya no está enamorada de su pareja, proyecta en ella todos los defectos para justificar su rabia y rechazo.

Como vemos, defensas hay muchas y de muchos tipos (aquí hemos mencionado la proyección de una amiga y la negación de otro amigo), pero todas tienen común que buscan proteger al yo. El proceso defensivo se materializa en mecanismos de defensa más o menos integrados al yo, es decir, que hay personas que tienden más a unos mecanismos que a otros y que tienen estos mecanismos integrados dentro de su funcionamiento. En situaciones de mayor tensión psíquica, la defensa a menudo adquiere un carácter compulsivo y suele actuar, al menos parcialmente, de manera inconsciente.

En sus obras, Freud situó en primer plano la noción de defensa en el estudio de la histeria, aunque poco después la situó también en otras psiconeurosis, estableciendo su propia concepción de la vida psíquica. En los Estudios sobre la histeria (1895), Freud mostró la complejidad de las relaciones entre la defensa y el yo, describiendo al yo como la región de la personalidad que se intenta proteger de perturbaciones, como los conflictos entre deseos opuestos.

En estos estudios, Freud distinguió entre defensas normales y patológicas. La defensa normal actúa frente a la reviviscencia de una experiencia penosa, mientras que la defensa patológica ocurre cuando una excitación de origen interno, que provoca displacer, no ha sido previamente manejada por el yo.

Nuestro inconsciente se defiende cuando no puede soportar determinadas representaciones, ideas o cambios en nuestras fantasías. Estos mecanismos de defensa (donde encontramos, por ejemplo, la negación) son de muchos tipos, aunque la mayoría suelen actuar de forma inconsciente

Desplazamiento

El término «desplazamiento» se refiere a que, en palabras de Freud, «el acento, el interés, la intensidad de una representación puede desprenderse de esta para pasar a otras representaciones originalmente poco intensas, aunque ligadas a la primera por una cadena asociativa». Es decir, a veces no podemos liberar la tensión psíquica en las representaciones originarias del conflicto y desplazamos la tensión pulsional a otras representaciones para poder liberar una parte de esa tensión.

Un ejemplo relativamente facilón y burdo sería aquella persona que grita a su pareja porque no puede confrontar con su jefe, pero la realidad del desplazamiento es más compleja. Por ejemplo, el comportamiento neurótico de una persona que encuentra satisfacción en ponerse a mucha velocidad con un coche o una moto puede ser motivo de un desplazamiento de una culpa subyacente: he hecho algo mal y, por tanto, para expiarme, necesito ponerme en riesgo.

De forma relativamente natural y no necesariamente patógena, el fenómeno del desplazamiento se observa en los sueños, donde muchos de los conflictos psíquicos se desplazan a otras representaciones a las que, en un primer momento, no están asociadas. En fin, y en palabras de Freud, la teoría psicoanalítica del desplazamiento se basa en la hipótesis económica de «una energía de catexis susceptible de desligarse de las representaciones y deslizarse a lo largo de las vías asociativas».

Elaboración psíquica

La elaboración psíquica es un término utilizado por Freud para describir el trabajo que realiza el aparato psíquico de cada uno con el fin de controlar las excitaciones que recibe y cuya acumulación puede resultar patógena. Este trabajo consiste en integrar las excitaciones en la mente y establecer entre ellas conexiones asociativas. En otras palabras, los distintos estímulos o golpes de realidad debemos integrarlos y eso supone, de alguna forma, hacer algo con ellos, elaborarlos.

Elaborar significa, entonces, integrar la excitación emocional que nos suponen ciertos momentos y establecer conexiones asociativas que nos permitan aceptarlo sin que nos dañe. El concepto de elaboración psíquica también aparece en la teoría de la histeria y de las neurosis actuales. En el contexto de la histeria, la falta de elaboración psíquica impide la liquidación del efecto traumático, lo que hace que el recuerdo del trauma persista como algo separado.

Fantasía

La fantasía es un concepto central dentro de la teoría psicoanalítica. Se presenta bajo dos modalidades: fantasías conscientes o sueños diurnos (que son fantasías inconscientes que tenemos durante el día). Tanto en unas como en otras, al analizarlas descubrimos que muestran estructuras subyacentes a su contenido. En francés, se utiliza también el término fantasme, que está más cargado de resonancias psicoanalíticas.

Freud distinguió diversos niveles de fantasía. Las Phantasien son ante todo sueños diurnos, escenas, episodios, novelas y ficciones que el sujeto crea y se narra a sí mismo en estado de vigilia. Son esas escenas en las que vemos a nuestra pareja con otra persona, o cuando nos imaginamos entrando en una fiesta y que todo el mundo se fija en nosotros, sonrientes. Estas fantasías son, por supuesto, inconscientes y se producen de forma paralela al hilo de pensamientos del sujeto.

Lo importante de las fantasías no es tanto su contenido concreto (aunque también), sino el guion, la estructura que forman. Suelen ser deformaciones de la realidad que vienen a satisfacer (por algún tipo de mecanismo defensivo) un deseo inconsciente. Precisamente por estar a medio camino entre lo puramente inconsciente y la elaboración racional, las fantasías son un buen punto de análisis para entender represiones en el sujeto y otros mecanismos de defensas.

Las fantasías son, entonces, ensoñaciones que nos contamos (casi sin darnos cuenta) para satisfacer un deseo o una aspiración —o una pulsión— que no está encontrando la forma de satisfacerse en la realidad. A veces fantaseamos con un ascenso, pero otras con contar un chiste y que todos se ríen (fantasía narcisista), otras con que una amiga se enfada con nosotros (fantasías de abandono), o también con que a una persona que nos violentó le atropella un coche (fantasías de justicia). Lo importante es saber que esas fantasías son formas que tiene la pulsión de no estallar.

Fantaseamos porque tenemos que dar salida a nuestros deseos y nuestras pulsiones. Analizar el guion de nuestras fantasías (¿qué lugar ocupamos?, ¿qué sensaciones nos generan?) es un punto privilegiado para el análisis de nuestro inconsciente

Idealización

La idealización es un proceso psíquico mediante el cual se perfeccionan las cualidades y el valor de un objeto. No es un proceso necesariamente patológico, ni mucho menos. De hecho, este proceso contribuye a la formación y enriquecimiento de las instancias ideales de la persona. Freud destacó su intervención en la vida amorosa, a través de la sobreestimación sexual. A diferencia de la sublimación, que redirige la pulsión hacia fines alejados de la satisfacción sexual, la idealización engrandece y exalta psíquicamente al objeto sin cambiar su naturaleza.

La idealización de los padres es esencial en la constitución de las instancias ideales dentro del sujeto, aunque también puede afectar a un objeto independiente, como un objeto amado. Es importante notar que la idealización siempre está marcada por el narcisismo, tratando al objeto como una extensión del propio yo, derramando sobre él una cantidad significativa de libido narcisista en la pasión amorosa. O, en otras palabras, cada uno idealizamos unos rasgos y eso supone que vertemos un poco de «lo que queremos ver» en los demás.

Melanie Klein subrayó el papel defensivo de la idealización, considerándola una defensa contra las pulsiones destructoras. Para esta autora, la idealización del objeto iría paralela a una escisión extrema entre un objeto «bueno» (al que idealizo y con el que en parte me identifico) y un objeto «malo» (que, aunque forma parte de mí y de mi historia, lo alejo de mí y lo opongo al binomio yo-objeto idealizado).

Proyección

En el psicoanálisis, el término proyección se refiere a la operación mediante la cual el sujeto expulsa de sí y localiza en otra persona o cosa cualidades, sentimientos, deseos o incluso «objetos» que no reconoce o rechaza en sí mismo. Este mecanismo de defensa es de origen muy arcaico y se observa particularmente en la paranoia, aunque también en algunas formas de pensamiento «normales», como la superstición.

Freud evitó en muchos casos tratar el problema de la proyección en su conjunto, aunque dio indicaciones sobre su metapsicología en diversos trabajos. Según Freud, la proyección es un mecanismo de defensa que se origina frente a las excitaciones internas excesivamente displacenteras.

El sujeto proyecta estas excitaciones al exterior, lo que le permite huir y protegerse de ellas. Este mecanismo se asocia a la génesis de la oposición sujeto (yo)-objeto (mundo exterior), donde el sujeto incorpora a su yo los objetos que le son fuente de placer y expulsa de él lo que es motivo de displacer. Es importante notar que muchas veces la proyección se define como una forma de desconocimiento que tiene por contraparte el reconocimiento en otra persona de lo que se desconoce dentro del sujeto.

Freud también mencionó la proyección en relación con los «celos proyectivos», donde el sujeto se defiende de sus propios deseos de infidelidad atribuyéndolos a su cónyuge. Asimismo, observó el carácter normal de la proyección en fenómenos como la superstición y la mitología, donde se refleja un conocimiento inconsciente de factores psíquicos.

Proyectamos al exterior rasgos de nuestra psique que no podemos integrar. Así, por ejemplo, si somos infieles y no podemos integrar este hecho en nuestra propia autoconcepción, proyectaremos infidelidad en nuestra pareja o cualquier otro elemento que justifique nuestros actos (en vez de asumir que estamos cometiendo algo inmoral)

Racionalización

La racionalización es un procedimiento mediante el cual el sujeto intenta proporcionar una explicación coherente y lógica o moralmente aceptable a una actitud, acto, idea o sentimiento cuyos motivos verdaderos no percibe. Un ejemplo de racionalización sería una persona que se queda atrás en un paseo y que se enfada porque «las demás están andando más rápido de lo que se debe», cuando en realidad está enfadada porque siente que no la están teniendo en cuenta. Este dar argumentos racionales, en vez de argumentos emocionales, es a lo que llamamos racionalización.

Este término fue introducido en el ámbito psicoanalítico por Ernest Jones en su artículo «La racionalización en la vida cotidiana» (1908). Es importante notar que la racionalización es un mecanismo común que se extiende desde el delirio hasta el pensamiento normal.

En el contexto de la cura psicoanalítica, se pueden encontrar diferentes grados de racionalización. En algunos casos, es fácil mostrar al paciente la artificialidad de las motivaciones invocadas, mientras que en otros los motivos racionales pueden ser particularmente sólidos, haciendo más difícil su identificación como racionalizaciones.

A pesar de su función defensiva evidente, la racionalización no suele clasificarse entre los mecanismos de defensa porque no se dirige directamente contra la satisfacción pulsional. En cambio, disimula secundariamente los elementos del conflicto defensivo. Es decir, la racionalización reconoce el conflicto, pero disimula los intereses principales que están siendo puestos en juego.

Aunque Freud niega que la racionalización cree temas delirantes, puede intervenir en la sistematización del delirio. Intelectualización es un término afín, pero se diferencia de la racionalización en que no evita sistemáticamente los afectos, sino que les atribuye motivaciones más plausibles que verdaderas, justificándolos racionalmente. En fin, la racionalización es un proceso (mayoritariamente defensivo) por el cual el yo intenta controlar las pulsiones asociándolas a ideas manejables conscientemente.

Resistencia

Durante la cura psicoanalítica, se denomina resistencia a todo aquello que, en los actos y palabras del analizado, se opone al acceso de este a su inconsciente. Por extensión, Freud habló de resistencia al psicoanálisis para designar una actitud de oposición a sus descubrimientos, ya que estos revelaban deseos inconscientes.

Introducida precozmente por Freud, la resistencia jugó un papel decisivo en la aparición del psicoanálisis. Freud renunció a la hipnosis y a la sugestión debido a la resistencia masiva que algunos pacientes oponían a estas técnicas, resistencia que consideraba legítima e imposible de vencer e interpretar con dichos métodos. El método psicoanalítico permitió evidenciar progresivamente las resistencias.

La resistencia se descubrió como un obstáculo para el esclarecimiento de los síntomas y la progresión de la cura. Freud intentó inicialmente vencer este obstáculo mediante la insistencia y la persuasión, antes de reconocer en él un medio de acceso a lo reprimido y al secreto de la neurosis.

Resistencia y represión actúan con las mismas fuerzas. Todo avance en la técnica analítica consistió en una apreciación más justa de la resistencia, destacando que comunicar el sentido de los síntomas a los pacientes no era suficiente para eliminar la represión.

Sobre el autor
FILOSOFÍA&CO - lkgjlkhjkknhjk e1706605633724
Sobre el autor

Javier Correa Román (Madrid, 1995) es doctor en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid. Redactor de FILOSOFÍA&CO, es autor de cinco libros, los últimos publicados: Estética y Emancipación. Hacia una teoría del arte de lo común (2021), Micropolítica del amor. Deseo, capitalismo y patriarcado (2024), y, en Libros de FILOSOFÍA&CO, Arte en la era digital (2023) y Nihilismo (2025). Es librero de malaletra.

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4 respuestas

  1. Avatar de Sabrina Analia Cabrera
    Sabrina Analia Cabrera

    «Y ES QUE SIN
    PALABRAS QUE NOMBREN LA
    REALIDAD, ESTA SE VUELVE
    INVISIBLE».
    JAVIER CORREA ROMÁN

  2. Avatar de José Farid Polania Puentes
    José Farid Polania Puentes

    Interesante los artículos publicados, voy a suscribirme. Gracias por estos aportes al debate político, especialmente para mi país Colombia que estamos atravesando por momentos criticos para la conducción del Estado. Estamos en crisis de legitimidad.

  3. Avatar de alex_murcial
    alex_murcial

    Buen día, descripciones notables del comportamiento humano, en la cotidianidad son evidentes estos hechos.

  4. Avatar de munoz.marcosorg
    munoz.marcosorg

    Buenas noches, me encantó el artículo. Muy entendible y exquisito para mis adentros. Un abrazo desde Argentina.

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