A Concepción Arenal le debemos mucho. Todos. Por su valentía, por sus principios, por su lucha sin descanso. Fue pionera en muchas batallas. Se empeñó en denunciar la situación que vivían los presos, los pobres, los desfavorecidos, y les dio dignidad. Se empeñó en entrar en la universidad cuando entrar en la universidad era imposible si eras mujer. Se empeñó en pedir a gritos la igualdad en la educación, las oportunidades y el reconocimiento. Creó el feminismo cuando no se hablaba de feminismo.
Por Amalia Mosquera
No vamos a decir eso de que el feminismo hoy está de moda. Porque el feminismo es, no está. Y porque las modas son pasajeras y la pelea por la igualdad, no. Muchas mujeres (y algunos hombres) en épocas anteriores bastante más difíciles lucharon con energía, convicción, ilusión, esperanza, valentía y venciendo al miedo por defender la igualdad de géneros. Pero… si parece que está de moda será porque es necesario recordarlo y reivindicarlo todavía… Y sí, hoy es necesario como siempre lo ha sido, o quizá lo es más que nunca por actitudes y realidades extremadamente chirriantes con lo avanzado del mundo en otros aspectos. Vale, digamos, pues, que el feminismo es y que el feminismo debe estar. Y digamos que la escritora, socióloga y muchas cosas más Concepción Arenal fue una de sus pioneras. Reivindicó con fuerza la capacidad intelectual de la mujer y su derecho a recibir la misma educación que el hombre. La misma. Ni más ni menos. “La sociedad no puede en justicia prohibir el ejercicio honrado de sus facultades a la mitad del género humano”, dijo. Y se refería a sus facultades intelectuales.
Que mi vida no haga sombra a mi trabajo
Por eso guardó su intimidad todo lo que pudo y más. No solo no la aireaba, sino que Concepción Arenal se encargó también de hacer desaparecer cualquier papel que dijera algo sobre su vida privada; lo que importaba transmitir a las generaciones posteriores era únicamente su trabajo, su labor intelectual. Parece que adivinara el futuro, o que supiera perfectamente lo mucho que las idas y venidas personales, el aspecto físico, las relaciones… podían empañar la capacidad de las mujeres ante los ojos de los demás. Entonces y siglos después.












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