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¿El ser humano es bueno o malo por naturaleza?

Una de las grandes cuestiones de la filosofía es la de si el ser humano nace bueno y luego se hace malo o algo de maldad ya nace con nosotros. Y hay diversas posturas, un tanto enfrentadas, pero antes deberíamos preguntarnos qué es eso de la naturaleza humana. ¿Alguien la ha visto? Sabemos muy poco de ella, o mejor, nada.

199 comentarios

La pregunta por la bondad o maldad innata del ser humano debería comenzar por cuestionar qué es eso de la naturaleza humana.

La pregunta por la bondad o maldad innata del ser humano debería comenzar por cuestionar qué es eso de la naturaleza humana.

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A veces escuchamos que algo es «antinatural». Pero para poder saber cuál es la verdadera naturaleza humana tendríamos que encontrarnos con un ser humano en estado de naturaleza, un ser precivilizado, y eso no es posible porque el ser humano es un ser social. Es cierto que en la historia de la filosofía algunos han formulado hipótesis sobre cómo era ese ser humano salvaje o no civilizado. Existen dos posturas opuestas.

Hobbes vs Rousseau

Casi lo único que compartían era pertenecer a la corriente contractualista, pero sus respuestas ante la naturaleza humana eran completamente antagónicas. Hobbes —inglés, siglo XVII— afirma que, en aquel supuesto estado de naturaleza, «el hombre es un lobo para el hombre» y que en ese estado precivilizado lo que impera es la guerra de todos contra todos. ¿Por qué? Porque el ser humano es agresivo y egoísta: si quiero una manzana y tú la tienes, yo te la voy a quitar. No hay ley, ni hay límites que lo impidan, de modo que si para lo de la manzana te tengo que matar, te mato.

Para Hobbes, el ser humano es malo por naturaleza, de modo que para poder convivir se necesita un poder absoluto, una ley autoritaria que controle el impulso agresivo que surge de la motivación egoísta de todos seres.

Rousseau —suizo-francés, siglo XVIII, precursor del movimiento prerromántico— defiende que el estado de naturaleza lo pueblan buenos salvajes, que el ser humano es bueno y empático, porque si uno de esos salvajes ve a otro sufriendo, siente una inclinación natural a auxiliar. Entonces, ¿qué es lo que hace malo al ser humano? Lo que hace al hombre malo, lo que despierta su agresividad es el momento en que el primero dijo «esto es mío», la propiedad. Porque si esto es mío, otro puede decir, «pero yo también lo quiero» y así aparecen la competencia, la envidia y la agresividad.

Antes de plantearnos si el ser humano es bueno o malo por naturaleza deberíamos preguntarnos qué es eso de la naturaleza humana. ¿Alguien la ha visto? Sabemos muy poco de ella. O nada

Un poco de consenso: Freud y Fromm

Ante dos posiciones tan enfrentadas, una respuesta más consensuada es la que dice que la naturaleza humana contiene la potencia o facultad tanto de ser bueno como malo. Lo sabemos porque somos capaces de hacer tanto el bien como el mal. ¿De qué depende? Freud ofrece una respuesta y dice que el ser humano está dirigido por dos instintos básicos, eros y tánatos: amor y muerte u odio. Lo que hacemos estaría determinado o motivado por cualquiera de los dos instintos. ¿Cuál tiene más poder en determinado momento? Lo que en la práctica se traduce en: ¿mato o no mato, pego o no? ¿Qué impulso prima?

Freud reconoce ambos impulsos como constitutivos. Necesito ambos. ¿En serio? ¿Por qué iba a necesitar el odio o destruir? Para construir. Se necesita una destrucción constructiva en términos sociales, incluso individuales. Un artista destruye un prejuicio cuando crea una obra, así como una nueva teoría destruye otra. Pero sin ponernos tan abstractos, cuando comemos también estamos destruyendo. La violencia es una parte constitutiva de la naturaleza humana, fundamental para defendernos y seguir viviendo.

Erich Fromm, autor de libros como El arte de mar o Ser y tener, desde otro punto de vista también ofrece una respuesta aglutinadora. En El corazón del hombre plantea que, en realidad, no existe una condición humana natural, no se puede decir que el hombre es bueno o malo, sino que existe un conflicto humano existencial: por un lado, somos animales con instintos, pero a diferencia de ellos, nuestros instintos no son suficientes para la supervivencia. En cierto modo, resulta que somos los animales más vulnerables. Por eso nos organizamos en comunidades que nos dan protección, seguridad.

Para poder formar esas sociedades echamos mano de nuestro aspecto racional: llegamos a acuerdos y consensos porque sabemos muchas cosas, nos conocemos a nosotros mismos y a los otros, y sabemos que entre todos surgirán conflictos. Además, sabemos que hay pasado, que existe un futuro donde me proyecto y sabemos también que vamos a morir. El perro y la hormiga no saben nada de eso, no sienten el conflicto, se sienten parte de la naturaleza y responden a sus leyes y nada más, sin pensar. Nosotros sí valoramos, “esto es bueno o malo”, y según Fromm, ese aspecto racional es el que nos hace sentirnos separados de la naturaleza, no comulgamos de forma total con ella como lo hacen el caballo o el gato… Fromm hace hincapié en ese conflicto y frente a él plantea dos posturas:

  • Recuperar la unidad primordial, sentirnos uno con la naturaleza… Tema que, por cierto, ya trató Platón en El Banquete. Esta opción constituiría una regresión porque significa que los impulsos toman las riendas, las pasiones mandan en esa búsqueda de la unidad primordial. Es una búsqueda que en vez de humanizarnos nos devuelve a un estado animal.
  • Progresión sería controlar los impulsos que nos deshumanizan avanzando hacia una auténtica humanidad, y siempre teniendo en cuenta que nadie es bueno o malo y menos de forma permanente, sino que hacemos cosas buenas y malas. Son las decisiones las que nos ponen a prueba, de modo que, al optar, lo hacemos por aquello que nos humaniza o no, por la progresión o la regresión.

Hobbes defendía que el ser humano es malo por naturaleza; Rousseau, lo contrario. Una respuesta más consensuada es la que afirma que la naturaleza humana contiene la potencia o facultad tanto de ser bueno como malo

Spinoza decía «para moralizar basta con no comprender», todo lo contrario a Aristóteles, que nos enseñó a categorizar de forma binaria, en blanco o negro, una forma que puede ser útil en según qué casos, pero resulta muy limitada para dar cuenta de la realidad, y más de la compleja realidad del ser humano.

  • Texto a partir de una columna radiofónica de filosofía que Magdalena Reyes tiene en Del Sol. Puedes escuchar el audio completo aquí.
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199 respuestas

  1. Avatar de Noah
    Noah

    Nosotros hemos llegado hasta aquí a través de una lenta evolución. Primero éramos monos, ahora somos humanos. Antes no teníamos el nivel de inteligencia que tenemos ahora, vivíamos en la ignorancia. Vivíamos en la ignorancia pero con el sentido de pertenencia despierto desde el primer segundo. Vivíamos y vivimos en la agresividad de un mundo lleno de celos, competitividad e ira. ¿O es que los monos no se pelean por ser el jefe? ¿Por la mejor hembra, o por una mísera semilla? Todos o prácticamente todos los animales tenemos ese instinto para sobrevivir, y para vivir de la mejor manera posible. En otras palabras, somos egoístas por naturaleza. Pero podemos hacer un esfuerzo por no serlo. Por mirar por los demás y ser más empáticos. Y las que se esfuerzan por conseguirlo son las que marcan la diferencia. Las que rompen la secuencia de un mundo envuelto en el caos más absoluto.
    Es verdad, somos nosotros los que nos autodestruimos. Poco a poco nos hemos hecho más inteligentes. Y, como todo el mundo sabe, todo genio tiene una grieta en su lámpara. Y esa grieta es la que nos acabará destruyendo. Y no somos tontos, lo sabemos. Pero no es tan fácil cambiarlo. Y como también lo sabemos, no hacemos nada para intentarlo. Porque el camino difícil nunca es el más cómodo.
    No somos diferentes a los demás animales, sólo somos más listos. Y, como todo, tiene sus pros y sus contras. Evidentemente, vivimos más y mejor. Pero… ¿seguro? Somos los más inteligentes, y justo eso es lo que nos hace avanzar, hacia el progreso, pero también hacia la extinción. Vivir en la ignorancia te priva de ver todo el mal que hay en el mundo. Y como nosotros no lo hacemos, lo vemos todo, y aun así no somos capaces de hacer nada. Porque no hay nada tan sencillo. Y precisamente por eso, no existe negro ni blanco, solo diferentes tonos de gris.

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