Uno de los primeros textos que lee un alumno de filosofía es, con toda probabilidad, la alegoría de la caverna de Platón, en el libro VII de la República. En esa alegoría, un grupo de prisioneros mira embobado las sombras que se reflejan en las paredes de la cueva. Miran las sombras de «figurillas», no de objetos reales, que los titiriteros proyectan sobre las paredes. Los prisioneros, con sus cuellos y piernas encadenados desde que eran niños, nunca han podido girar su cabeza.
La moraleja parece sencilla: nuestras creencias más arraigadas pueden ser falsas (podemos estar mirando sombras de marionetas), por lo que necesitamos aventurarnos a salir de la cueva y enfrentarnos a la luz cegadora, pero verdadera, del sol. Solo entonces, dice Platón, miraremos de frente a las cosas verdaderas.
Mariana Alessandri, filósofa y profesora en la Universidad de Texas Valle del Río Grande, argumenta que, quizá, en lugar de poner la atención en los prisioneros ignorantes, deberíamos desplazar nuestra mirada hacia los titiriteros. En Visión nocturna. Un viaje filosófico a través de las emociones oscuras, Alessandri expone el abuso de la metáfora de la luz, aquella que nos dice que solo cuando salgamos de la oscuridad, epistémica y emocional, podremos alcanzar el verdadero conocimiento y la felicidad. Para ello, nos anima a dudar de la luz y nos propone un sugerente camino que examina alguna de las emociones oscuras que nuestras sociedades luminosas aborrecen.













Deja un comentario