La familia Freud
Sigismund Schlomo Freud nació el 6 de mayo de 1856 en la ciudad Freiberg, en Moravia (que hoy se llama Příbor, en la actual República Checa). Por aquel entonces, Freiberg era una pequeña ciudad industrial de unos cinco mil habitantes que entonces pertenecía al Imperio Austriaco. Quizá el primer dato curioso es que Freud no nació con el nombre de Sigmund, sino con el de Sigismund Schlomo, este segundo en honor a su abuelo paterno y que nunca usó. ¿Cuándo cambió? En los documentos de 1871, a los quince años, ya aparece Sigmund, aunque él no empezó a firmar así hasta sus veinte años.
Su estructura familiar era inusual (¿no lo son todas?) y quizá podamos elucubrar retrospectivamente que su familia fue casi un laboratorio de las ideas que él mismo desarrollaría. Su padre, Jakob Freud, era un comerciante de lana de cuarenta años cuando él nació. Su madre, Amalie Nathansohn, en su nacimiento tenía veinte años. Su padre Jakob había estado casado antes y tenía dos hijos adultos de ese matrimonio anterior, Emanuel y Philipp, que eran aproximadamente de la misma edad que Amalie. De hecho, uno de esos hijos (Emanuel) tenía otro hijo John, de un año. Así que uno de los primeros amigos de infancia de Freud fue el nieto de su padre.
Del matrimonio entre sus padres, Sigmund fue el primero de ocho hermanos —cinco mujeres y tres varones— y, desde el principio, el favorito indiscutible de su madre. Amalie lo llamaba «mi dorado Sigi» y organizó la vida familiar en torno a su estudio: cuando él necesitaba concentrarse, le prohibía a su hermana Anna tocar el piano.
Sus años de estudio
En 1859, las dificultades económicas del negocio textil de su padre obligaron a la familia a trasladarse primero a Leipzig y luego, en 1860, a Viena, cuando Freud tenía cuatro años. En esa ciudad vivió Freud casi toda su vida.
Asistió primero al Sperl Gymnasium, una escuela secundaria con fuerte énfasis en latín, griego e historia de la Antigüedad, y fue el primero de su clase durante siete años consecutivos. Esto, su educación clásica, es importante, porque muchos conceptos griegos (el eros, el complejo de Edipo, Thanatos y la pulsión de muerte) formarían después parte de su teoría. En 1873, con diecisiete años, ingresó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Viena. Es cierto que había considerado brevemente estudiar Derecho, pero, después de leer un ensayo de Goethe sobre la naturaleza, Freud se inclinó definitivamente hacia la ciencia. Su motivación era más investigadora que clínica, más la imagen del científico como buscador de verdad que la del médico como curador. De hecho, su primera publicación data de 1877 y fue un trabajo anatómico sobre las gónadas de la anguila.
Tardó nueve años en obtener su título. Después obtuvo el doctorado en 1881. Tardó «tanto» porque sus intereses eran amplísimos: trabajó en el laboratorio de neurofisiología de Ernst Brücke, asistió a clases de filosofía con Franz Brentano y de zoología con Carl Claus, un darwinista convencido cuya influencia se detecta en la visión evolucionista que Freud tendría de los instintos.
De este período hay un detalle curioso: entre 1871 y 1881, Freud mantuvo una extensa correspondencia con su amigo Eduard Silberstein. Ambos aprendieron español de forma autodidacta y fundaron una sociedad secreta de dos miembros a la que llamaron «Academia Castellana», firmando sus cartas con los nombres de los dos perros del Coloquio de Cervantes: Freud era Cipión, Silberstein era Berganza. Las cartas se conservan hoy en la Library of Congress de Estados Unidos.
Freud nació como Sigismund en 1856. De joven estudió autores clásicos y medicina y fundó una academia secreta de español
Las investigaciones de Freud
En abril de 1882, Freud conoció a Martha Bernays. Él tenía veintiséis años y ella veintiuno. Se comprometieron en secreto apenas dos meses después del encuentro, pero Freud no tenía dinero para casarse. Su mentor, Brücke, le había dicho con franqueza que sus perspectivas de ascenso en el laboratorio eran escasas, y que la práctica médica privada era la única vía viable, así que Freud se incorporó al Hospital General de Viena como asistente clínico.
En 1884, Freud empezó a experimentar con la cocaína. La sustancia era entonces legal, no estaba regulada y era objeto de una importante investigación médica. Freud la tomaba regularmente en pequeñas dosis para combatir su depresión y la recomendaba con entusiasmo. El 2 de junio de 1884 le escribió a Martha: «En mi última depresión tomé coca de nuevo, y una pequeña dosis me elevó a las alturas de una manera maravillosa». Publicó ese mismo año un artículo («Über Coca»; en español, «Sobre la coca») presentándola como un estimulante y un analgésico potencial.
En el invierno de 1885-1886, Freud obtuvo una beca para estudiar en París con Jean-Martin Charcot, el neurólogo más célebre de Europa. Fue toda una revelación. Charcot demostraba que síntomas físicos como la parálisis podían generarse y eliminarse mediante sugestión hipnótica, lo que implicaba que la mente —no solo los nervios— podía enfermar. Nace aquí la idea de que los fallos de nuestros comportamientos pueden tener una raíz mental (inconsciente) y que no todo el malestar de nuestro cuerpo es biológico o material.
El 13 de septiembre de 1886, Sigmund Freud y Martha Bernays se casaron en el Ayuntamiento de Wandsbek. Al día siguiente, una ceremonia religiosa en la sinagoga local formalizó el matrimonio según la ley austríaca. Tuvieron seis hijos, nacidos entre 1887 y 1895, La menor, Anna, siguió los pasos de su padre y se convirtió en una psicoanalista de renombre.
El nacimiento del psicoanálisis
En abril de 1886, Freud abrió su consulta privada. Se instaló primero en un apartamento en la calle Schottenring 7 (la célebre Sühnhaus). No sería hasta 1891 cuando la familia se mudó al famoso apartamento de Berggasse 19, dirección que hoy alberga el Museo Freud y que sería su lugar de trabajo durante casi cincuenta años. Allí atendía pacientes con trastornos nerviosos y desarrollaba, de forma paralela, sus estudios de teoría psicoanalítica.
La colaboración decisiva de estos años fue con Josef Breuer, médico vienés que le había hablado del caso de Bertha Pappenheim («Anna O.» en la literatura clínica), una joven con síntomas histéricos que, al hablar libremente sobre sus experiencias, encontraba alivio. Pappenheim llamó a este procedimiento «cura por la palabra» o «deshollinamiento». En 1893, Freud y Breuer publicaron una «comunicación preliminar» enunciando su hallazgo central: «El histérico sufre principalmente de reminiscencias». En 1895 publicaron juntos los Estudios sobre la histeria, que contiene los primeros cinco casos clínicos del psicoanálisis naciente. La recepción fue polarizante y la obra fue vista con frialdad por el estamento médico tradicional.
Sin embargo, encontró una acogida más cálida en el mundo intelectual. De hecho, el 2 de febrero de 1896, el influyente diario liberal vienés Neue Freie Presse publicó una reseña del ensayista y crítico Alfred von Berger. En ella, calificó el trabajo como «el tipo de psicología que usan los poetas», una frase que, lejos de ser un rechazo científico, fue un gran cumplido que reconocía la capacidad del nuevo método para explorar las profundidades emocionales de la mente humana. La colaboración acabó fracturándose entre los dos. Freud insistía en la centralidad de la sexualidad como causa de las neurosis, pero Breuer se mostraba reticente. La ruptura fue intelectual y personal. En estos mismos años, Freud estrechó una amistad intensa con el médico berlinés Wilhelm Fliess, cuyo papel es aún objeto de debate académico. La extensa correspondencia entre ambos —conservada parcialmente— es una de las fuentes primarias más valiosas para entender el desarrollo del psicoanálisis.
La muerte de su padre Jakob en 1896 fue un acontecimiento sísmico en su vida interior. Freud emprendió un riguroso autoanálisis que duraría varios años, concentrado especialmente en sus propios sueños. El resultado fue una de sus obras más importante: La Interpretación de los sueños —Die Traumdeutung— se publicó en noviembre de 1899, aunque el editor le asignó fecha de copyright de 1900 para asociarla con el nuevo siglo. En una carta posterior a Fliess, Freud imaginó irónicamente una placa conmemorativa en la villa de Grinzing donde había tenido el primero de sus sueños fundamentales: «En esta casa, el 24 de julio de 1895, el secreto de los sueños fue revelado al Dr. Sigm. Freud». A pesar de que la recepción inicial fue fría —solo se vendieron 351 copias en los primeros seis años—, con el tiempo el libro sería considerado uno de los textos fundacionales del siglo XX.
En 1895 Freud publicó, junto al médico vienés Josef Breuer, los Estudios sobre la histeria, que contiene los primeros cinco casos clínicos del psicoanálisis naciente. La obra fue vista con frialdad por el estamento médico tradicional, aunque con más calidez en el mundo intelectual
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La escritura de sus libros más importantes
Tras La interpretación de los sueños, Freud mantuvo durante tres décadas un ritmo de producción asombroso. En 1901 completó la Psicopatología de la vida cotidiana, publicada como libro en 1904, que popularizó el concepto del lapsus freudiano: los olvidos, errores y actos fallidos no son accidentales, son expresiones de deseos inconscientes. Es el libro más leído de Freud en vida.
En 1905 publicó simultáneamente tres obras mayores: los Tres ensayos sobre teoría sexual, que postulan la sexualidad infantil y el desarrollo libidinal por fases; El chiste y su relación con lo inconsciente, que aplica el método interpretativo del sueño al humor, y el caso «Dora», su primer gran caso clínico publicado. En 1909 publicó dos casos clínicos canónicos: el del «Pequeño Hans» y el del «Hombre de las ratas». Ese mismo año viajó a Estados Unidos para pronunciar las conferencias de la Clark University, en Worcester, Massachusetts, publicadas luego como Cinco lecciones sobre psicoanálisis, primer reconocimiento serio del psicoanálisis en el mundo anglosajón. En 1910 publicó Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci, un ensayo de psicoanálisis aplicado al arte, en el que desarrolla el concepto de sublimación.
En 1913 apareció Tótem y tabú, una obra de antropología especulativa donde propone que el tabú del incesto tiene su origen en el asesinato del padre primordial por la horda primitiva. En 1914 publicó Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico, texto combativo con el que ajusta cuentas públicamente con Adler y Jung. En 1915 redactó una serie de artículos metapsicológicos (Lo inconsciente, Las pulsiones y sus destinos, La represión) que representan su pensamiento teórico más abstracto y sistemático. Entre 1916 y 1917 pronunció y publicó las Lecciones introductorias al psicoanálisis, su obra más didáctica y accesible, y durante décadas la principal puerta de entrada al psicoanálisis para millones de lectores. En 1919 publicó Lo siniestro, breve pero denso ensayo sobre lo inquietante familiar, uno de los textos de Freud más citados en los estudios literarios del siglo XX.
En 1920 publicó Más allá del principio del placer, donde introduce la pulsión de muerte. Ese mismo año murió trágicamente su hija Sophie a causa de la llamada gripe española. Aunque a menudo se asume que la teoría de la pulsión de muerte fue producto del duelo, Freud ya había redactado el borrador principal y conceptualizado todo en 1919, antes de la enfermedad de su hija, negando siempre que su dolor personal originara este concepto clínico. En 1921 publicó Psicología de las masas y análisis del yo, que anticipó con sorprendente lucidez los fenómenos de las masas totalitarias del siglo XX. En 1923 publicó El yo y el ello, que fija la segunda tópica de la psique: ello, yo y superyó. Este es el modelo estructural del psicoanálisis clásico.
En 1927 publicó El porvenir de una ilusión, su análisis de la religión como proyección del deseo infantil de un padre protector. En 1930 apareció El malestar en la cultura, quizás su obra más leída fuera del ámbito clínico. Su tesis en ese libro es que la civilización exige una renuncia permanente a los impulsos instintivos y que esa renuncia genera un malestar estructural e irresolvable.
Su obra Psicopatología de la vida cotidiana, que publicó en 1904, popularizó el concepto del lapsus freudiano: los olvidos, errores y actos fallidos no son accidentales, son expresiones de deseos inconscientes. Es el libro más leído de Freud en vida
Freud y Jung
En 1902, Freud y un pequeño grupo de colegas vieneses comenzaron a reunirse cada miércoles por la noche en Berggasse 19. La Sociedad Psicológica de los Miércoles —rebautizada en 1908 como Sociedad Psicoanalítica de Viena— fue el núcleo original del movimiento psicoanalítico. Los primeros miembros eran cinco médicos vieneses: Freud, Wilhelm Stekel, Alfred Adler, Max Kahane y Rudolph Reitler. En 1906, Freud comenzó a cartearse con el psiquiatra suizo Carl Jung, y en febrero de 1907 el grupo recibió su primera visita personal.
Esta relación inicial con Jung fue la más intensa, fructífera y dolorosa de su vida intelectual adulta. En aquel primer encuentro en Viena, los dos hablaron durante trece horas seguidas. Para Freud, Jung era el sucesor ideal: suizo, respetable científicamente, capaz de sacar el psicoanálisis de su imagen de «ciencia judía vienesa». En 1910 fue fundada la Asociación Internacional de Psicoanálisis (IPA), con Jung como primer presidente.
Las rupturas llegaron pronto y fueron dolorosas. Adler se separó formalmente del movimiento en junio de 1911, fundando su «psicología individual». La divergencia central era el papel de la sexualidad: para Freud, irrenunciable; para Adler, un factor entre otros. La ruptura con Jung fue más lenta y grave. Las tensiones comenzaron en 1912. Ese año acordaron suspender su correspondencia personal. En 1914, Jung dimitió de la presidencia de la IPA. Los desacuerdos teóricos eran profundos —Jung rechazaba el peso exclusivo de la sexualidad y reivindicaba la religión como fenómeno psicológico legítimo—, pero la ruptura fue también personal e irreversible. Freud respondió con Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico, donde ajusta cuentas públicamente con sus dos grandes disidentes.
En 1902, Freud y un pequeño grupo de colegas vieneses comenzaron a reunirse cada miércoles por la noche en Berggasse 19. La Sociedad Psicológica de los Miércoles —rebautizada en 1908 como Sociedad Psicoanalítica de Viena— fue el núcleo original del movimiento psicoanalítico
El cáncer
Freud era un fumador empedernido y en 1923, a los sesenta y siete años, descubrió un crecimiento en su boca que resultó ser un carcinoma del paladar. La primera cirugía fue el 20 de abril de 1923. La extirpación fue incompleta y cinco meses después apareció una recidiva. El cirujano Hans Pichler le operó de nuevo el 4 y el 11 de octubre, extirpando parte del maxilar superior y la mandíbula inferior. El resultado fue una prótesis que Freud llevó el resto de su vida y a la que llamaba íntimamente «el monstruo»: con ella era difícil hablar, masticar o tragar.
Lo que resulta asombroso es que los años de operaciones —se cuentan entre treinta y cuatro según distintas fuentes médicas— fueron también años de enorme productividad intelectual. Freud nunca dejó de escribir, atender pacientes y dirigir el movimiento psicoanalítico. En 1932 publicó las Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis, escritas, pero nunca pronunciadas oralmente —ya no podía hablar cómodamente con la prótesis—. Ese mismo año publicó ¿Por qué la guerra?, intercambio epistolar con Albert Einstein en el que respondía con sobrio pesimismo a la pregunta de si era posible librar a la humanidad de la guerra.
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Exilio y muerte
El ascenso del nazismo en Alemania en 1933 golpeó el mundo de Freud de forma directa. El 10 de mayo de 1933, sus libros ardieron en Berlín en las quemas públicas organizadas por el régimen. Al día siguiente, Freud anotó el hecho en su diario personal. Ante este acontecimiento comentó con amarga ironía que en la Edad Media le habrían quemado a él, que ahora se conformaban con sus libros era un «progreso».
El 12 de marzo de 1938, las tropas alemanas entraron en Austria. La invasión de Austria convirtió a Freud, de la noche a la mañana, en súbdito del Tercer Reich. El 22 de marzo, su hija Anna fue arrestada y conducida al cuartel general de la Gestapo. Fue liberada ese mismo día, pero el incidente precipitó una decisión que Freud había postergado durante años: la familia abandonó Viena.
Antes de que les permitieran partir, las autoridades nazis exigieron a Freud que firmara una declaración escrita estándar confirmando que no había sido maltratado ni extorsionado. Aunque durante décadas circuló el mito, impulsado por sus primeros biógrafos, de que Freud añadió al documento la sarcástica frase «Puedo recomendar la Gestapo a todos con la mayor efusividad», los registros históricos demuestran que simplemente firmó el formulario burocrático, sin añadir ninguna ironía que pudiera poner en mayor riesgo la vida de su familia. Partieron el 4 de junio de 1938. Freud viajó acompañado de Martha, de Anna, de su ama de llaves Paula Fichtl y de una médica joven, Josephine Stross, que monitoreaba su estado de salud.
En Londres, la acogida fue inesperadamente cálida: los taxistas conocían el número de su casa, y el correo llegaba dirigido solo a «Dr Freud, Londres». Trabajó hasta casi el final: completó Moisés y el monoteísmo —Der Mann Moses und die monotheistische Religion, publicado en 1939—, obra en la que propone que Moisés era egipcio y que fue asesinado por los israelitas; y redactó el Esquema del psicoanálisis —Abriss der Psychoanalyse—, resumen inacabado de toda su teoría. Atendió a cuatro pacientesy respondió todas las cartas.
El cáncer avanzó con rapidez durante el último año. En septiembre de 1939, Freud pidió a su médico Max Schur que recordara el acuerdo al que habían llegado tiempo atrás de no prolongar su vida innecesariamente. Anna Freud se resistió al principio, pero finalmente cedió. Schur administró una serie de inyecciones de morfina para terminar con su sufrimiento. Sigmund Freud murió el 23 de septiembre de 1939, dieciséis días después de que Alemania invadiese Polonia y comenzase la Segunda Guerra Mundial. Tenía ochenta y tres años. Su cuerpo fue incinerado en el crematorio de Golders Green. En el funeral hablaron Ernest Jones y el escritor Stefan Zweig.
Javier Correa Román (Madrid, 1995) es doctor en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid. Redactor de FILOSOFÍA&CO, es autor de cinco libros, los últimos publicados: Estética y Emancipación. Hacia una teoría del arte de lo común (2021), Micropolítica del amor. Deseo, capitalismo y patriarcado (2024), y, en Libros de FILOSOFÍA&CO, Arte en la era digital (2023) y Nihilismo (2025). Es librero de malaletra.



















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