- A priori / A posteriori
- Absurdo
- Alienación
- Antropoceno
- Ápeiron
- Aporofobia
- Ataraxia
- Autonomía
- Contingencia
- Daimon
- Dasein
- Deconstrucción
- Demiurgo
- Devenir
- Dialéctica
- Empatía
- Empirismo
- Epistemología
- Estoicismo
- Ética
- Existencialismo
- Fenomenología
- Hermenéutica
- Hilemorfismo
- Inmanencia
- Logos
- Mayéutica
- Metafísica / Ontología
- Mito de la caverna
- Nihilismo
- Nominalismo
- Noúmeno / Fenómeno
- Paradigma
- Performatividad
- Poder
- Posestructuralismo
- Raciovitalismo
- Superhombre
- Transhumanismo
- Vitalismo
- «Zoon politikón»
A priori / A posteriori
Son expresiones latinas empleadas en la filosofía especialmente desde la Modernidad. Antes de esta época, refieren a aquello que es primero o posterior a la naturaleza de las cosas respectivamente. También al conocimiento que tenemos sobre ellas. Conocer a priori sería conocer algo por sus causas, mientras que conocerlo a posteriori sería hacerlo a través de sus efectos.
En la época moderna las expresiones adoptan un nuevo alcance y uso. Toda la filosofía pasa a centrarse menos en la naturaleza de la realidad y más en la forma que tenemos de conocer esta naturaleza. El principal autor que desarrolló estos conceptos es Kant. Para el filósofo, los juicios (expresiones de las que podemos decir que son verdaderas o no, como «dos más dos son cuatro») a priori son aquellos que no dependen de la experiencia para ser comprobados. En el ejemplo de «dos más dos son cuatro», este juicio es a priori porque no necesitamos ir al mundo o a un laboratorio para comprobar su verdad.
Los juicios a posteriori, por el contrario, surgen de la experiencia. Por tanto, pueden darse o no. Por ejemplo, si queremos comprobar si un cuerpo está en movimiento o no, deberemos atender a la realidad; ir a la experiencia. En este sentido «el cuerpo X se mueve» será un juicio a posteriori.
En la definición de Kant, la distinción es epistemológica, es decir, relativa al conocimiento. No hace referencia a lo que sean las cosas en sí, sino a la forma en que las conocemos.
Absurdo
El absurdo como categoría filosófica cobra especial relevancia en el pensamiento existencialista del siglo XX, particularmente a través de la obra de Albert Camus y Jean-Paul Sartre. Cuando estos autores hablan del absurdo de la vida o de la realidad, lo que pretenden es señalar que vivimos un conflicto irresoluble: el ser humano siempre anda buscando un sentido a la vida, pero la vida responde a esta pregunta con un silencio.
Para Camus, por ejemplo, el absurdo no reside ni en el ser humano ni en el mundo, sino en su relación. No es que el ser humano sea absurdo o el mundo sea absurdo. Lo que ocurre es que el ser humano anhela comprender su alrededor, encontrar un propósito en su vida y lograr coherencia en su existencia. Y, mientras tanto, el mundo se presenta como algo caótico, irracional y desprovisto de un sentido inherente. Es esta disonancia fundamental la que genera la experiencia del absurdo, que podemos sentir en la rutina cotidiana, cuando repetimos mecánicamente actos sin sentido o en la repentina toma de conciencia de nuestra propia muerte.
Es importante señalar que la filosofía del absurdo no conduce necesariamente al nihilismo o la desesperación. Por el contrario, estos pensadores se esforzaron en señalar que el reconocimiento del absurdo puede ser el punto de partida para una forma auténtica de existencia. La respuesta al absurdo no debe ser negarlo mediante el suicidio físico o filosófico (la fe religiosa, por ejemplo), sino en mantener una rebeldía lúcida: vivir plenamente a pesar y en virtud de la ausencia de sentido último, encontrando valor en la propia resistencia ante lo absurdo.
Alienación
El término alienación (concepto muy similar a enajenación) es un término de origen judío procedente del latín alienus, que quiere decir «que pertenece a otro (alien)». Este término se aplicaba en las transacciones. Alienar un objeto quería decir regalarlo o venderlo, es decir, transmitir a alguien ajeno algo que es propio.
Hegel desarrolló el sentido filosófico del término en su famosa obra Fenomenología del espíritu. Para Hegel, resumido brevemente, la realidad es el resultado de una Idea (sustancia espiritual o Dios) que se aliena, se exterioriza, en distintas concreciones del espacio-tiempo. Así, la alienación surge cuando la realidad espiritual aparece como objeto, originando la naturaleza, de cuya objetividad nos debemos apropiar: prácticamente, por medio del trabajo o, teóricamente, mediante el arte, la religión o la filosofía.
Feuerbach retoma el término, pero, ante el idealismo de Hegel, lo trae a la realidad sensible, al ser humano, de carne y hueso. Para este autor, el ser humano se enajena, se aliena, en el hecho religioso, al crear un Dios. El ser humano exterioriza una serie de cualidades (perfección, eternidad, universalidad) y las contempla como algo alejadas, inalcanzables, pertenecientes a un ser que no es él mismo.
Para Marx, la base de toda alienación debe buscarse en el trabajo, pues el ser humano es trabajo. La alienación en este autor ya no es religiosa, sino económica: hay determinadas relaciones de producción que alienan al ser humano que trabaja. Estas relaciones alienantes son aquellas en las que uno trabaja sin poseer los medios de producción y, por tanto, el resultado de su trabajo no le pertenece, sino que le pertenece al capitalista. El ser humano se aliena porque vive su propio esfuerzo y trabajo como algo ajeno.
Antropoceno
Se trata de un término que se refiere a una nueva era geológica tras el Holoceno (que comenzó hace unos 11 700 años) marcada por la actividad humana. Ha generado mucha controversia entre filósofos, ecólogos y geólogos y ha sido definido de diferentes formas e, incluso, rechazado por algunos investigadores. El término fue acuñado por el Premio Nobel de Química Paul Crutzen en el año 2000 para hacer hincapié en el nefasto efecto de la actividad humana sobre la tierra.












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